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Hace una década y media dos novedades cundían entre la sociedad mexicana, una de ellas afectaba la vida política, millones de ciudadanos habían encontrado la demanda que los unía: la democracia alcanzable. La otra novedad, aparente-mente una simple curiosidad tecnológica más, era la videocassetera doméstica. Ambos factores hacían un buen brebaje al combinarse con una televisión largamente habituada a suprimir de la pantalla toda expresión disidente del régimen.
canalseisdejulio es, probablemente, el resultado más conocido de esa combi-nación de factores. Una revista política en video, dedicada a mostrar todo aquello que la televisión ocultaba -que era mucho, por cierto- era una pro-puesta lógica.
Con extraordinaria rapidez proliferaron cámaras, videocasseteras y productores; con enorme dificultad se enraizó la aspiración ciudadana de democratizar a México. En ese camino canalseisdejulio alcanzó poco a poco permanencia, autosuficiencia financiera y algo parecido a una audiencia estable, una especie de raiting underground.
El país ha vivido un proceso político complejo y convulso, digno de ser documentado en video ; del frenesí privatizador del salinismo al surgimiento del Ejército Zapatista, del asesinato de Colosio a ese despojo llamado Fobaproa las producciones de canalseisdejulio han navegado con vientos de diversas intensidades, pero con resultados siempre subordinados a la vitalidad de la sociedad. Si, por ejemplo, las producciones de este grupo sobre el tratado de libre comercio (en 1993), o sobre el intento reeleccionista de Carlos Salinas (1992) tuvieron escaso eco inicial; en cambio los videos sobre la elección de San Luis Potosí en 1991 o sobre la guerra de Chiapas (94), por sólo citar dos casos, llegaron de inmediato a un considerable número de espectadores. Además de la información televisiva, que continuaba avocada a ocultar y confundir, la participación de mayores o menores contingentes ciudadanos en torno a esos eventos políticos o sociales estableció siempre las diferencias.
